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EDITORIAL

VALOR & PRECIO

Quienes construimos La Casa en la cual vivimos, con gran esfuerzo personal, trabajando muy duro y además de dinero empleamos nuestras manos para lograrlo, apreciamos con otro espíritu; el Valor de la Casa propia.

Cuando se está en Posesión del bien, surge la calidad de Dominio. Establecida la persona en su Dominio; el paso del tiempo genera Arraigo. Se adquiere así, de modo natural el sentido de Propiedad y Pertenencia.

El dueño asigna a lo propio un Valor relacionado con situaciones Emocionales, Afectos, Arraigo y Tradición y cobra tal magnitud que él mismo no puede cuantificarlo en dinero; pero siente que nadie podrá pagarle una suma que le recompense todo el esfuerzo -el sacrificio- demandado para haberlo obtenido. Siente que su Casa vale mucho más.

La Idea de desprenderse de ese bien, le genera angustia, temor, inseguridad y hasta dolor por la pérdida. Solo una razón fundamental - emocional o económica - modificará su pensamiento posesivo, hasta optar por “desprender-se” del bien-objeto. Surge entonces la idea de la venta.

Cuando un dueño define y decide que venderá el objeto, entonces solo resta justipreciarlo, es decir darle a ese bien el justo precio de Mercado.

¿Que es entonces: PRECIO?
Es la cantidad de divisa o bien de cambio obtenido -concreta y efectivamente- en un Mercado regular, al momento que se concreta esa Venta.

Podemos decir, entonces que PRECIO es el que efectivamente se logra obtener entre Oferta y Demanda.
La sucesión de Operaciones logradas entre Oferta y Demanda componen un Precio de Mercado.

Rodolfo Monte


El Mulá (maestro) NASRUDÍN, estaba disconforme con su burro; decidió venderlo y comprar otro. Fue al Mercado, buscó al Rematador y le entregó el burro para que lo subastase.
Cuando el animal fue presentado en la Venta el Mulá se encontraba entre el público.

El Próximo lote! -gritó el rematador - es este soberbio, inigualado y maravilloso burro. ¿Quien comienza ofreciendo Cinco piezas de oro?”
¿Solo cinco piezas de oro, por un burro?, se sorprendió NASRUDÍN. Así fue que el mismo, inició la puja.

Mientras el precio subía, más y más, el rematador cantaba loas del burro en cada oferta, NASRUDÍN se volvía cada vez más ansioso de comprarlo él.
La puja finalmente se circunscribió a un duelo entre NASRUDÍN y un Granjero. Compró NASRUDÍN en cuarenta piezas de oro. Le pagó al rematador su comisión de un tercio, se llevo su parte del dinero - como Vendedor - y tomó posesión del burro - como Comprador-.

El valor del Jumento, era quizás de veinte piezas de oro. Por consiguiente perdió dinero, pero había comprado un animal, cuyos méritos había ignorado hasta que fueron tan brillantemente enunciados por el rematador del lugar.

“Nunca me pierdo un buen negocio” se dijo NASRUDÍN mientras volvía a casa con su “nueva” adquisición.



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